Canta y no llores..

El mundial, como las olimpiadas, nos enamora, nos conquista poco a poco. Vivimos inmersos en colores, ritmos y en la belleza y magia que surge en cada momento que pasa. Es único.

Antes de que empezara el mundial, yo estaba enojada con nuestra selección. No me gustó la manera en la que calificaron y pensaba que no merecían estar ahí. Pensaba incluso que llegarían con trabajos a la segunda ronda y que no traerían nada con qué competir. Sin embargo, al comienzo y como ya lo decía Argen estando lejos de casa, todo se exacerba. Todo huele y sabe a Tu país. En este caso mi México.

Con desconfianza miré el primer partido, grité, me emocioné por cada jugada, patada y canté como muchas otras veces lo hice en el estadio. Con cada jugada que pasó recordé por qué es tan bella esta temporada que llega cada 4 años. La selección hizo su trabajo y lo hizo cada vez mejor. Verlos jugar de maravilla contra Brasil y callar bocas de más de un ingenuo, que como yo, habían preferido ser pesimistas a creer.

Creí una vez más en mi selección. Grité cada falta, cada gol, cada tarjeta. Pedí perdón a mi nacionalismo herido por no haber creído desde el principio. Aún cuando en otros ámbitos soy la primera en defender y creer en que México puede ser más, y lo va a ser.

Estaba asustada, pero creía en el México que se para digno en la cancha sin importar si se enfrenta contra un campeón del mundo o no. El nerviosismo se sentía desde las 10 de la mañana en nuestra casa. Los colores y sabores de México aparecieron insistentes y hasta hoy, en la tristeza y en la cruda, siguen aquí. Y seguirán.
Ayer resonó en mi mente una vez más esa odiada frase ‘jugamos como nunca, perdimos como siempre’. La odio porque representa justo el punto pesimista que me inundó en un principio. La odio porque ayer México se paró y demostró tener presencia del nivel al que el mundial nos acostumbra y nos hace esperarlo con ansias cada 4 años. Jugó como nunca, nos hizo vibrar. Nos hizo creer, la sentimos cerca, muy cerca. Pero no, no perdieron como siempre. Perdieron peleando hasta el último momento; perdieron, por errores que no fueron los de siempre y que hasta al más hábil le sucede. Perdieron con la frente en alto.

Traigo un nudo en mí. Me dolieron esos últimos 5 minutos. Esos minutos que nos separaban de romper con el maldito fantasma que nos acecha desde hace 20 años.. Esta vez no fue Argentina o Estados Unidos, esta vez fue Holanda. Se une a la lista que reafirma nuestro fantasma.

Quizá sea mala mexicana por no creer desde el principio y de todos modos festejar la victoria,  quizá sea el doble de mala por empezar sin creer y después llorar amargamente la derrota de ayer. Quizá, me dirán villamelona y creerán que soy de las que dicen ganamos pero se amarga diciendo que perdieron, aún cuando está muy lejos de ser así.

Pero hoy, aún en la tristeza y la desazón, aún apoyo a mi México que me hizo vibrar, me hizo creer de nuevo, me hizo cantar y me hizo recordar qué bonito es ser mexicana.

Gracias selección por dar todo y darme una lección de vida.

El Síndrome del Jamaicón

¿Qué nos pasa a los mexicanos fuera de México? Con este ambiente mundialista, alguien se preguntaba por ahí: por qué no somos tan nacionalistas cuando estamos en México como cuando estamos fuera de él. Bien decía Ale que viajar nos cambia. Y aprovecho que estamos en pleno Mundial para recordarles la anécdota del síndrome del Jamaicón.

José ‘El Jamaicón Villegas’ fue un futbolista mexicano que después de que la selección recibiera una goliza frente a Inglaterra (8-0) declaró que no había podido jugar bien ‘porque extrañaba a a su mamacita, que llevaba días sin comer birria y que la vida no era vida si no estaba en su tierra’. Durante otra eliminatoria, después de escaparse de la cena le explicó a su entrenador por qué no había cenado: ‘Cómo voy a cenar si tienen preparada una cena de rotos. Yo lo que quiero son mis chalupas, unos buenos sopes y no esas porquerías que ni de México son.’

Éste es mi primer mundial fuera de México, aunque no la primera vez que vivo fuera de él. Esta es la segunda ocasión que vivo lejos de mi México lindo y querido, la primera venía preparada con una botella de Valentina, habanero, dos latas de rajas y unos frijoles.  No repararé en detalles, pero basta decir que esta vez tuve que pagar sobrepeso en mi maleta para traer toda la comida que quería y que ni así fue suficiente. También he de confesar que he aprendido o he intentado cocinar más cosas mexicanas desde que estoy fuera. En la medida de lo posible, busco sustitutos o ingredientes que me hagan recordar un poco a mi querido país. Pregúntenle a cualquier persona que haya intentado una dieta donde le prohiban comer tortillas la tortura que es. Imaginen no poder saciar un antojo por cualquier alimento rico en vitamina T (y ni me pidan elegir entre una simple tortilla, tacos, tortas, tlacoyos, tlayudas, tamales y cualquier otro que usted, amable lector, quiera agregar a la lista) o no tener limón o salsa a la mano para darle sabor a su comida.

Estando fuera tendemos a buscar más las cosas que tenemos en común entre mexicanos (y con otros latinos) que pelearnos por nuestras diferencias. Ver jugar a la selección es estar un paso más cerquita de México, aunque no te guste el futbol. Las cosas que suelen separarnos estando en México no son un motivo suficiente para distanciarnos estando fuera. Solemos ser más pacientes y tolerantes con cosas con las que no estamos de acuerdo porque ese alguien es como nosotros. ¿No sería lindo si supiéramos hacer eso estando en México?

Recuerdo perfectamente la primera vez que volví a México después de una larga ausencia; la primera parada a unos 30 minutos del aeropuerto fue un plato de Pozole. No hace falta decir que lloré con mis primeros tacos al pastor. Y no sólo es la comida. ¡Cuando uno está fuera extraña tantas cosas que estando en México damos por sentado! ¡La familia y los amigos! ¡El sentido del humor! ¡La lindura de nuestro idioma! ¡La belleza de nuestras ciudades! ¡La música! ¡La increíbe riqueza cultural! ¡Nuestra historia!

Darse cuenta o reafirmar que amamos a nuestro querido México (estando a la distancia o no) no tiene por que volvernos ciegos. Quizá es una forma simplista de verlo. Los problemas que tenemos no desaparecen porque no estemos ahí o porque no los veamos diario, pero nos dan cierta distancia para verlos desde otra perspectiva y un sentimiento de necesidad por cambiarlo. No sé ustedes, pero estando en México me quejaba mucho de muchas cosas. Estando fuera recordé el México que siempre he querido. Dejé de definirlo en términos de políticos y problemas y lo vuelvo a ver con todas las cosas increíbles que tenemos, más los (muchos) retos y oportunidades. Dejé de quejarme, porque ahora pienso en qué cosas puedo hacer para cambiarlo, porque creo que no debemos dejar que todo dependa de los políticos. Tal vez es indispensable viajar para padecer el síndrome del Jamaicón y recordar las cosas buenas que no podríamos ver de otra manera. Me encantaría que fuera contagioso para llevar un poco de esto de regreso a México.

¿Y a ustedes qué les ha hecho padecer este síndrome?

El nuevo activismo.

Hace unos días revisaba las actualizaciones de mi página de Facebook y después de ver cientos de fotos de bodas e hijos de mis conocidos (¡paren, ya!), me topé con una imagen peculiar. Mostraban una fotografía de los caudillos de la Revolución mexicana y sobre ella se lee lo siguiente: ‘Nosotros no teniamos internet. Teniamos huevos!!!’ Me quedé unos minutos reflexionando al respecto, más allá de las faltas de ortografía y gramática que siempre me hacen pensar que esa es una de las razones de por qué estamos como estamos, comencé a pensar en lo que implicaba esta imagen.

La persona que compartió la foto, escribía sencillamente: ‘una más de ciberactivismo’. Tuvo muchos ‘likes’ pero ningún comentario. Fui a la fuente de la foto y me espantó ver los comentarios que encontré ahí. Muchas, muchas, alarmantemente, muchas mujeres haciendo comentarios sobre cuestiones de género ‘porque ya no se encuentran hombres con huevos’ o ‘antes eran caballeros ahora solo juegan con el celular’. Creo que alguien no entendió el mensaje de la fotografía, en lo más mínimo. No voy a opinar sobre esas cuestiones de género una vez más, sin embargo si creo que el mensaje, al menos para mí, está clarísimo.

Sí, es un problema que nos la vivamos pegados al aparato y dejemos de ver a nuestro alrededor como antes o de socializar como antes. Pero también es cierto que las sociedades cambian y el mundo no se deja de mover, no nos queda más que subirnos al barco de los cambios y vivir con lo nuevo que nos vaya trayendo la tecnología y en lugar de cambiar enteramente con ellos, se trata de también adaptar los cambios a nuestra vida, ¿no?

Sin embargo, creo que está claro que algo nos está haciendo falta. ¿Involucrarnos más? ¿Informarnos más? ¿Involucrar a los que no tienen acceso a estas tecnologías?

Creo que todas tienen un algo de cierto. No sólo se trata de crear HT* en Twitter para presionar que Peña Nieto renuncie o para detener la violencia en nuestro país, o únicamente juntar firmas electrónicas para ayudar a resolver un caso de injusticia (que por cierto he trabajado en el medio y he sido testigo de qué cosas se pueden cambiar por cosas así de ‘pequeñas’) o dar likes hasta llegar a un millón para que alguien done un dólar**.

Creo que cosas maravillosas podrían suceder si pudiéramos involucrarnos más con una causa de cambio, así como pasaron grandes cosas en los países árabes en donde las redes sociales jugaron un papel importante. Porque, en realidad, la mayor ventaja de estas redes sociales son el alcance que tienen, la rapidez y la fuerza con la que pueden involucrar a tanta gente.

Pero ¿qué pasa si en lugar de involucrarnos más lo dejamos ahí? Mandamos nuestra aportación de tuits al día y ya, en la vida real seguimos siendo apáticos, seguimos dando mordida al poli porque sí, seguramente aunque yo no le dé dinero eso no se va a acabar, aún tiramos basura en las calles e imploramos porque no nos inundemos. No sé, tiendo a ser demasiado idealista (aún cuando estoy en proceso de convertirme en politóloga jaja), y pienso que podemos aprovechar muchísimo lo que ahora lo conocemos como ciberactivismo (y vaya que se los dice alguien que es grinch tecnológica).

Quizá la imagen sea cierta y los caudillos de la revolución puedan juzgarnos porque ahora es muy fácil estar en tu casa en pijama dando likes y haciendo comentarios ofensivos detrás de un pseudónimo. Nada tiene de malo escribir tu opinión, debatir y presionar al gobierno desde tu casa, no me malinterpreten. Porque además me hace pensar ¿quién dice que ahora no tenemos huevos /ovarios para hacerlo?

Creo que los tenemos sólo no hemos encontrado el coraje suficiente para hacerlo y que nos distraemos fácilmente en las redes sociales en lugar de usarlas para bien.

Acá les dejo a los caudillos … ¿Ustedes que opinan?

Caudillos

@labruja_cosmica

*HT: Hashtag es un término que se utiliza en varias redes sociales y en el cual se utiliza un signo de gato (#) seguido por el tema a tratar, por ejemplo #ciberactivismo. De esta manera, se agrupan todos los comentarios que se hayan hecho en referencia al tema.

**A propósito de ello, hace unos días, llegó a mis manos esta noticia en alemán sobre cómo UNICEF está cambiando la manera de hacer publicidad y pide no sólo hacer like, aquí pueden ver un post al respecto en inglés. 

 

Reseña: Tres Pares

Las colaboradoras de este blog hemos decidido que este sea un espacio abierto a todo tipo de contenidos y en esta ocasión, les presento mi primera reseña a una caja por suscripción que nos presenta la empresa mexicana Tres Pares.

El concepto de caja por suscripción (o subscription box) es uno que está cobrando mucha fuerza en el mundo de las compras en línea y funciona de la siguiente manera: pagas una cantidad de dinero al mes, recibes una caja misteriosa en la puerta de tu casa y no sabes exactamente lo que contiene hasta que la abres. Varias empresas como birchbox o fancybox han incluso creado alianzas con celebridades para la curaduría de estas cajas y les ha funcionado muy bien. El objetivo es dar a conocer productos que de otra forma no conocerías pero que podrían gustarte y podrías seguir comprando después.

Por eso, cuando me enteré que en México están haciendo esto con cervezas artesanales mexicanas, no dudé ni un segundo y me suscribí con un amigo. Al momento de la suscripción nos encontramos con el primer problema: sólo aceptan pagos a través de PayPal. Afortunadamente mi amigo tiene cuenta y logramos suscribirnos.

Después de una larga espera (me vi obligada a beber muchas cervezas para lograr sobrevivir la agonía) por fin llegó la caja llena de felicidad, curada por nuestros amigos de Tres Pares. ¿Qué sorpresas podría contener? ¿Valdría la pena lo que pagamos mi amigo y yo por ella? Estaba a punto de descubrirlo y no podía ocultar mi emoción.

Caja llena de felicidad

¿Quieren saber qué encontramos adentro?

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Maléfica

Este fin de semana se estrenó en cines la película Maléfica, dirigida por Robert Stromberg, escrita por Linda Woolverton (Alice in Wonderland) y protagonizada por Angelina Jolie. Las colaboradoras de este blog asistimos con entusiasmo a las salas de cine sólo para encontrarnos con una no tan grata sorpresa. Debido a las reacciones que esta cinta desencadenó en cada una de nosotras hemos decidido crear este mega-post conjunto, esperando que se convierta en un formato permanente en este blog.

Disney no creció con sus princesas.

de: Argen (@petite_argen)

Cuando tenía unos 3 o 4  años, la película de la Bella Durmiente de Disney solía ser mi favorita. Crecí, como muchas otras niñas, viendo películas de princesas. Por algún motivo, esta película en particular fue la que terminé memorizando después de verla una y otra vez. La película no tiene quizá ningún personaje sobresaliente, salvo la villana. En mi defensa, debo decir que casi 25 años después me da cierta vergüenza decir que crecí viendo ese tipo de películas y que solo años después vendrían la Bella y la Bestia, el Rey León y Mulan.

No pasaron muchos años antes de que dejara de querer ser una princesa. ¡Qué hueva quedarse en el castillo a no hacer nada! Afortunadamente el tiempo no pasa en balde y después de todo ahora sé que lo que menos quiero en este mundo es vivir en un cuento de hadas. Me molestan muuuchas cosas de Disney, en especial la manera en la que representan a las mujeres. Me da dolor de cabeza pensar los personajes femeninos que vi una y otra vez y que no pueden hacer nada más que ser rescatadas, cantar y casarse. Con el paso del tiempo Disney fue agregando otras princesas como Mulan o Pocahontas, que aunque eran más valientes y aventureras, no dejaron de estar definidas por su relación con los hombres. Algo de esto era “entendible” por el contexto histórico en el que se hicieron esas películas. A fin de cuentas, las películas muestran en gran parte el reflejo de nuestra sociedad.

Al ver el trailer de Maléfica sentí mucha curiosidad. ¿Qué podría esperar de una película casi 25 años después de haberla visto por primera vez? ¿Qué habría cambiado Disney casi 50 años después de la primera versión de la Bella Durmiente? Y la realidad fue algo totalmente inesperado. Una decepción devastadora. La villana más malvada del universo de Disney resulto una mujer despechada y nada más. ¡Que hueva!

Quizá era entendible que cuando éramos niñas quisiéramos ser princesas, no sabíamos mucho de la vida ni de lo que significaba. También que en algún punto quisiéramos ser algo mucho más interesante. ¿Y ahora que crecimos? ¿Qué les parece que dice esta película de nuestra sociedad? Me parece chicas que hemos crecido más nosotras en 25 años que Disney en 50.

 

Disney: del amor verdadero a la maldad de género.

de: Bex (@labruja_cosmica)

Corrí a ver Maléfica por el recuerdo que tengo de esta villana, quien extrañamente se volvió mi favorita desde hace mucho tiempo. La verdad es que nunca he sido niña de princesas, recuerdo haber ido al cine a ver el Rey León y mi trauma con Aladdin, pero hasta ahí. Las películas de las princesas las recuerdo como en una nube, tiendo a confundirlas y a veces recuerdo las escenas de las películas pero nada más, no tengo recuerdos de sentarme a conciencia a verlas y aprenderme diálogos (como con Simba, no me juzguen).

Hace una semana, salí del cine realmente decepcionada y enojada pensaba ¿realmente era necesario hacer un spinoff de esa manera? La verdad es que siento que se fueron por la salida fácil y predecible. Sé que no es fácil crear una historia de la nada (créanme, lo sé), pero también sé que hay mil y un posibilidades para hacer algo maravilloso e interesante. Mi molestia no sólo se quedó en la historia sino que fue más allá de eso, se trasladó a la reacción que ésta pudiera causar a nuestro alrededor.

Les contaré lo primero que me sucedió. La gente que estaba a nuestro alrededor en el cine en su mayoría eran parejas (hombre-mujer), de vez en cuando un grupo mixto como el nuestro. Justo 5 minutos antes de empezar la película, dos hombres grandes y altos se sentaron a nuestro lado, me causó gracia pues, ¿qué estarían pensando estos dos hombres al entrar a ver una película de Disney? Lo comenté y nos reímos, sin darnos cuenta que el comentario que había hecho estaba marcado por una generación Disney sexista en donde nos han acostumbrado a que la marca es exclusivamente para niños pequeños o bien para el género femenino.

En fin, al empezar la película no sabía qué esperar, pensé en una villana impresionante y una historia igual de interesante que pudiera ser del calibre de Maléfica. No fue así. Me molestó mucho que la razón por la cual una niña tan buena (aún con el nombre de Maléfica) se convirtiera en mala era por un hombre ¿Es en serio, Disney? Quitas que el beso del ‘verdadero amor’ sea entre el príncipe y la princesa que intercambiaron 5 palabras y que es tu costumbre habitual (lo cual aplaudo) y en su lugar pones a un hada poderosa con capacidad de hacer que todo el reino tiemble y la reduces a que sus motivos y acciones sean por despecho, porque un hombre la traicionó. No sé qué tanta inercia lleva mi mente por leer temas de género en todos lados, pero esto lo veo mal. Muy mal.

Después de esa amarga experiencia, llegué a mi casa para leer un poco sobre la película, sobre la historia original de la Bella Durmiente y al final los comentarios de la gente al respecto.Esto último fue lo que más me entristeció y desesperó.

Encontré comentarios cómo: ‘De Maléfica aprendí que las mujeres no somos malas, los hombres nos hacen así.’ ¿¡Perdón?! No sé, yo no me considero una persona mala, aunque todos tenemos maldad dentro de nosotros, estoy segura que es cosa de decisión y no ‘por culpa’ de un género, ese comentario es de las que se quejan que los hombres dicen ‘nosotros somos así por culpa de las mujeres’… cuidado con la doble moral, chavas. Encontré también el siguiente tuit: ‘Las mujeres son como Maléfica, si les cortas las alas, se desquitan con los cuernos.’ 21 personas lo marcaron como favorito, de las cuales 11 fueron mujeres.

Como en todo, estas cosas son decisiones de cada persona, cada quién decide como ver y llevar su vida, eso me queda más que claro y ciertamente no es lo que me molesta. Me preocupa el mensaje que estamos recibiendo. Alabamos que Disney cambiara la perspectiva de la damisela en peligro, porque sé que muchas estamos contra la idea de ser o pertenecer a la idea social de mujeres como princesas esperando por un príncipe azul que nos rescate; pero al mismo tiempo aceptamos la idea de que una mujer solo es mala porque los hombres nos hacen así. Quizá las que lo acepten son las mismas que siguen defendiendo su estatus de princesa esperando por el príncipe.

En lo personal, tiré la corona de princesa en peligro hace mucho y me molesta mucho la idea de la villana por despecho. Así que prefiero quedarme con la idea de la Maléfica que conocí de niña, teniendo un libro abierto para pensar en sus orígenes, en lugar de esta versión, plana y sexista que intentan hacerme creer.

Reescribiendo el mito: Maléfica y La Bruja Mala del Oeste

de: Ale (@pichikamonster)

Nunca me han gustado las películas de princesas. Quizá porque ya desde chica me identificaba más con Dumbo, el elefantito que al no poder volar ahogaba sus penas en alcohol, que con las niñas que a los dieciséis estaban ya buscando a su príncipe azul. No es de sorprender entonces que mi primer recuerdo consciente de Maléfica y la Bella Durmiente sea más bien reciente (pasaditos los veinte) cuando la vi con una de mis sobrinas. No me gustó la historia y me impresionó muchísimo la pobre capacidad intelectual de los personajes, con la única excepción de Maléfica, que en esta versión animada era la única que, al parecer, sabía lo que estaba pasando en el mundo y esto le garantizaba una posición de control sobre el resto de los personajes. Pero bueno, se justifica porque era 1959, ¿no?

Pero entonces, ¿cuál es la excusa para lo que Disney nos pone en pantalla en pleno 2014? Vivimos en una época en la que lo hemos visto (casi) todo, el internet es una fuente vasta de información y vivimos con mucho más conciencia sobre igualdad de género, diversidad sexual y libertad de culto que cualquier otra generación que nos ha precedido. Entonces, ¿por qué insistimos en aferrarnos a los cuentos de hadas donde las princesas (y las mujeres, en general) viven esperando a su príncipe azul? ¿No es hora de que empecemos a reescribir los mitos? Y no, no se engañen: cambiar una escena al final de la película no cuenta.

Sí, el personaje principal de Maléfica es una mujer, pero está muy lejos de ser una película que enaltezca al género con un digno protagónico. Las acciones y motivaciones de Maléfica están todas en el lugar equivocado: el hombre que le rompió el corazón. Si bien, además de romperle el corazón le cortó las alas, en ningún momento se maneja éste como el tema o la motivación principal para sus acciones y su venganza. En ningún momento vemos a Maléfica tomar una decisión por su propia convicción o sus propios ideales.

Ahora quiero platicarles el caso de otra villana clásica de la cultura popular readaptada a una versión más actual: La Bruja Mala del Oeste, en este caso la versión del libro de Gregory Maguire, Wicked. En esta novela de 1995, conocemos a Elphaba (sí, tiene nombre) una niña sana y juguetona, perfectamente normal, excepto por el color verde de su piel y unos colmillos afilados que aterrorizan a sus padres desde su nacimiento. Elphaba vive enfrentándose a una discriminación constante, incluso por parte de su hermana, quien a pesar de no tener brazos, cuenta con su asombrosa belleza y bondad para lograr todo lo que se propone. Al llegar a la universidad en Oz, Elphaba se encuentra con una sociedad llena de prejuicios y discriminación en la que existen incluso leyes promulgadas por el Mago que decretan que los Animales, capaces de razonar y poseedores de consciencia humana (piensen en el León cobarde), deben de ser ejecutados por ser de una especie distinta. Identificada con la causa, Elphaba rápidamente se vuelve aliada de estos seres y emprende una revolución contra el régimen del Mago para que todos en Oz puedan vivir en condición de igualdad social. Una vida llena de conspiraciones, asesinatos, pérdidas y decepciones, la llevan a ser conocida como la Bruja Mala del Oeste y su encuentro final con Dorothy lo conocemos muy bien.

Me parece que el contraste es clarísimo; lejos de ser una mujer despechada cuyas acciones son motivadas por la falta de amor y la inexistencia del beso de amor verdadero, Elphaba vive una vida convencida de luchar por una causa, buscando siempre el bien mayor y la libertad de los oprimidos. Al final no logra sus objetivos y la realidad es demasiado abrumadora hasta para una mujer tan fuerte como ella, empieza a cuestionar sus decisiones y el peso de las mismas y esto la lleva a cometer actos que la convierten en el antagónico que conocemos en el cuento.

¿Acaso es mucho pedir para Disney que le de un poco de complejidad y profundidad a sus personajes femeninos? Y bueno, éste es sólo un ejemplo, pero me vienen a la mente muchas protagonistas femeninas con historias complejas y motivaciones reales que son mucho más inspiradoras. ¿Cuál es su favorita?

Mujeres ¿a la banca?

Empecé escribiendo esto mientras pensaba ¿Será cierto que a pocas mujeres nos gusta el fútbol? Los números no cuadraban en mi cabeza. Puedo decir con certeza que he conocido más mujeres a las que les gusta el fútbol, que a las que no. Quizá no todas sean hinchas de corazón, vean 3 ligas diferentes cada semana o puedan citar estadísticas y partidos históricos, pero sin duda disfrutan de una buena tarde de fútbol. Reconozco también que hay aficionadas de ocasión, pero ¿qué tanto ama el fútbol un villamelón de cualquier tipo?

Muchos de mis mejores recuerdos me llevan inevitablemente a tardes futboleras. Los entrenamientos, partidos y torneos mientras jugué para el equipo de mi universidad. Las veces que había que infiltrarse al estadio enemigo para poder ver a mi equipo favorito. Lo impresionante del Estadio Azteca cuando todos apoyamos al mismo equipo, cantamos el himno a una sola voz y coreamos el cielito lindo con todo el corazón. El estrés por escuchar los goles mientras estás atorada camino al estadio para ver a la selección. Los latidos en tus orejas mientras esperas que el árbitro pite el final del partido. Los festejos en el ángel cuando te vuelves campeón del mundo en casa. Los viajes en coche donde te aventuras a conocer la ciudad mientras te apresuras para ver a tu equipo jugar en tu casa. Ahogar los gritos de gol por haberte sentado cerca de la porra incorrecta. La detallada preparación para ver una final de la champions con una cantidad brutal de comida. Los días de jugar FIFA en Xbox mientras resuelves dudas existenciales. La emoción infinita al tener en tu mano un boleto para un juego de Champions, donde al fin verás jugar a tu equipo de alguna liga europea. Y podría seguir así por un buen rato.

Sin embargo, cada vez que confieso mi amor por este lindo deporte, la reacción más común es de…¿sorpresa? Pareciera que el fútbol fuera solo para hombres…Esperen un minuto… A decir verdad, ser una mujer a la que le gusta el fútbol no es sencillo. A pesar de lo mucho que me gusta, llevo varios años con piedritas en el taco. Les dejo tres ejemplos de a lo que me refiero:

La marca de cervezas Heineken tiene un concurso cada año para llevar a una afortunada pareja a la final de la Champions. Los concursos varían un poco cada año, pero en general se basan en que el hombre tiene ya un boleto y debe ganar el segundo boleto para su novia cumpliendo algún reto, en el que por lo general la novia es parte de ¡los obstáculos! Incluso hace poco lanzaron una campaña polémica donde ‘liberaban’ a los hombres para que pudieran ver la final de la champions, ofreciendo descuentos en zapatos justo a la hora del partido para sus novias. ¿Cuántos concursos han visto dónde las mujeres podamos ganar boletos? ¿Por qué tenemos que ser consideradas obstáculos a vencer? ¿Y quién dijo que tengo que elegir entre zapatos y fútbol?

Tres o cuatro sitios de deportes de los más populares (al menos en chilangolandia) tienen una sección específica y normalmente en primera plana (y que a veces raya en spam en sus redes sociales) dedicada a mujeres, usualmente modelando en bikini o algo por el estilo. Y por otro lado ni las luces de secciones de fútbol femenil. Las únicas señales de los equipos femeniles son algunos artículos cuando se juega el mundial. ¿Por qué tengo que chutarme 25 tuits al día diciéndome que vea las nuevas fotos en bikini de la novia de Ronaldo, cuando lo que me importa es el fútbol? ¿Por qué estoy dedicándole mi tiempo a un sitio que en su mayoría nos hace ver como un objeto? ¿No les parece totalmente misógino e innecesario? ¿De verdad es necesario que para que pueda leer de fútbol sin encontrar estas cosas necesito que mujeres futboleras creen un sitio y escriban de fútbol? Me pregunto a cuántos hombres les gustaría que hubiera secciones de futbolistas guapos modelando ropa interior.

Las mujeres también tenemos vela en este entierro. Tristemente hace unas semanas encontré que alguna de mis conocidas había publicado en alguna infame red social un artículo que decía como teníamos que comportarnos las mujeres durante el mundial. No incluiré el link, pero en resumen las instrucciones iban desde comprar, preparar y servir la comida hasta quedarse callada mientras transmitieran el partido. ¿Por qué algunas mujeres tienen la percepción de que por ser mujeres no debe gustarles el fútbol? ¿O que debe gustarles menos que a los hombres y por ende para hacerlo feliz hay que disfrutarlo menos? De hecho, ¿quién les dijo que por ser mujeres tienen que hacer o dejar de hacer, disfrutar o amar algo?

Muy lejos de ser Fair play, ¿no? ¿Mi sugerencia para bajar este balón? El amor al juego. Personalmente dejé fuera todo aquello que no fue fútbol. Di unfollows y unlikes a los sitios con esas secciones, y busco nuevas fuentes para leer noticias deportivas (¡Se aceptan recomendaciones!). Trabajo y ahorro para comprar mis boletos. Quizá en algún futuro pueda tomar turnos con algún afortunado para ver a quién le toca comprar los boletos para el siguiente partido (Y no tomo esa cerveza, iugh). Es cierto que no resuelve el problema, pero podemos empezar acomodando bien la barrera. ¿Qué tenemos que hacer las mujeres éste mundial? Lo que se nos pegue la gana. Tarjeta roja y a correr en dirección opuesta a cualquier espécimen que se atreva a sugerir reglas así te guste o no el fútbol. Y si te gusta, ¡grita, festeja, maldice, brinca y corre con cada gol! Y si alguien esperaba algo distinto, como diría Albert Camus: “La pelota nunca viene hacia uno por donde uno espera que venga”. ¿Ustedes qué opinan?

@petite_argen