Reseña Informal: Beer Fest DF 2014

Otoño casi invierno en la ciudad de México y llega, como cura perfecta para el clima que empieza a calar el hueso, la segunda edición del Beer Fest DF . Con sede en el lienzo charro de Constituyentes, podré únicamente quejarme del estacionamiento que fue un poco complicado, pero una vez superado ese obstáculo, el Beer Fest nos recibe con un vaso vacío que pronto llenaremos con una amplia variedad de sabores y estilos de cerveza principalmente mexicana.

En un jardín ambientado con papel picado de todos los colores y buena música, encontramos más de 40 microcerveceras mexicanas, una que otra importadora como Paulaner y distribuidoras como The Beer Company o Krox (quienes además presentaban una buena variedad de alimentos).

La cerveza artesanal, con su gran variedad de olores, sabores y estilos, fluía sin parar. Se podía probar cualquier cerveza por 10-15 pesos y pedir un vaso lleno por 50-70. En cualquier momento explotaban rituales espontáneos entre los asistentes, como beber copiosas cantidades de cerveza de un cuerno como si fuéramos Vikingos disfrutando de un buen brebaje. La música estuvo variada; rock clásico para empezar, pero conforme transcurría el tiempo y la cerveza iba haciendo sus efectos, empezamos a escuchar ritmos cada vez más animados, incluso algunos de los asistentes (como yo), presumían sus mejores pasos de baile.

Si bien Beer Fest aún no es tan grande, el ambiente festivo, como el nombre indica, logra que sea uno de los mejores encuentros cerveceros del Distrito Federal. Siendo ésta apenas su segunda edición no puedo más que esperar que siga creciendo y nos siga dando este espacio dedicado a la cerveza y al amor que muchos tenemos por ella.

Les comparto una lista de las cervezas que tuve oportunidad de probar:

Gringo (Black IPA)
Central Cervecera + Evil Twin Brewing

Sta. Otilia (Oatmeal Stout) Sta. Tomasa (Cream Stout)
La Patrona

Morena y Rubia (estilo?)
Cerveza Cienfuegos

Three Wise Monkeys (Saison)
Beer Factory + Calavera

Mexican Imperial Stout (Imperial Stout con 3 chiles), Ofrenda 2014 (Tripel con calaveras de azúcar y calabaza en tacha), Mjölnir (doble IPA)
Calavera

Nocturna (Black IPA)
Insurgente

Lágrimas Negras (Oatmeal Stout)
Cervecería Rámuri

Caravana (American Amber Ale)
Radical OH

Acme California IPA (American IPA) y Old Rasputin (Russian Imperial Stout)
North Coast Brewing Company

Indecorosa (IPA)
Cervecería Pacheco

La mula de mi suegra (Pale Ale), La mula de mi compadre (Brown Porter), Patada de mula (Porter)
Cervecería Mula

IPA, Stout (exclusiva de barril), Special Bitter
Buscapleitos

Calabrown (Pumpkin Ale), TrIPA (Tripel que quiere ser IPA), Pimienta Porter (Porter)
Ocozol

Freudian Slip (Barleywine), Hop Flood (American Amber + Red Ale), Low Life (Pilsner !!)
Evil Twin Brewing

La autora en Beer Fest 2014

La autora en Beer Fest 2014

¿De qué escribes cuando no sabes de qué escribir?

En los últimos meses cada vez que abro un documento para empezar a escribir me pasa lo mismo: escribo un párrafo y lo borro. Intento escribirlo de otra manera, intento cambiarlo completamente y al final de todos modos lo  borro. ¿por qué?

Millones de temas interesantes me rondan la mente y cuando me siento a poner las palabras en la pantalla, todo lo que creía que los hacía interesantes desaparecen y se convierten en palabras sin sentido que termino eliminando con furiosos golpes al teclado. He pensado en escribir sobre cervezas, sobre mujeres cerveceras, sobre tolerancia, libertad, ciencia, y vaya, hasta empecé a escribir sobre mi perro, un tema que parecería de lo más fácil de desarrollar pero que al final se convirtió en otra montaña gigante que no pude escalar.
No consigo dar orden sensato a mis pensamientos y quizás esto sea sólo un síntoma de lo que me pasa en la vida diaria, que entre el trabajo y la vida fuera de él estoy creando un pequeño caos con temas y tramas que no tienen pies ni cabeza, que no acaban de satisfacerme y que desearía poder eliminar con un par de golpes en las teclas correctas.
Quiero creer que algún día voy a poder superar este bloqueo y quiero creer que muy pronto estarán leyendo sobre mujeres que hacen cerveza artesanal, pero con toda honestidad, no se cuando sucederá. No sé cuál es el camino que debo de tomar para superar este bloqueo, o las cosas que necesito poner en orden en mi mundo real que me ayuden a dar sentido a mis palabras en papel.
Hasta entonces, se aceptan sugerencias.

Reseña: Tres Pares

Las colaboradoras de este blog hemos decidido que este sea un espacio abierto a todo tipo de contenidos y en esta ocasión, les presento mi primera reseña a una caja por suscripción que nos presenta la empresa mexicana Tres Pares.

El concepto de caja por suscripción (o subscription box) es uno que está cobrando mucha fuerza en el mundo de las compras en línea y funciona de la siguiente manera: pagas una cantidad de dinero al mes, recibes una caja misteriosa en la puerta de tu casa y no sabes exactamente lo que contiene hasta que la abres. Varias empresas como birchbox o fancybox han incluso creado alianzas con celebridades para la curaduría de estas cajas y les ha funcionado muy bien. El objetivo es dar a conocer productos que de otra forma no conocerías pero que podrían gustarte y podrías seguir comprando después.

Por eso, cuando me enteré que en México están haciendo esto con cervezas artesanales mexicanas, no dudé ni un segundo y me suscribí con un amigo. Al momento de la suscripción nos encontramos con el primer problema: sólo aceptan pagos a través de PayPal. Afortunadamente mi amigo tiene cuenta y logramos suscribirnos.

Después de una larga espera (me vi obligada a beber muchas cervezas para lograr sobrevivir la agonía) por fin llegó la caja llena de felicidad, curada por nuestros amigos de Tres Pares. ¿Qué sorpresas podría contener? ¿Valdría la pena lo que pagamos mi amigo y yo por ella? Estaba a punto de descubrirlo y no podía ocultar mi emoción.

Caja llena de felicidad

¿Quieren saber qué encontramos adentro?

Sigue leyendo

Viajar me cambia

Quien dice que la gente nunca cambia, miente. Si bien es cierto que a través del tiempo nuestra esencia puede permanecer intacta, los seres humanos somos producto de una evolución, un aprendizaje continuo y una recolección de experiencias que nos ayudan a modelar nuestra persona. Quien no evoluciona está muerto. En mi caso personal, cada vez que viajo y visito un nuevo lugar, experimento estos cambios en forma más intensa y radical y a mi regreso, siempre intento adaptarlos a mi vida diaria.

Antes de continuar debo hacer una confesión: nunca he viajado sola. Me he subido sola al avión pero al llegar siempre ha habido alguien esperando. Dicen que viajar solo es algo que hay que hacer al menos una vez en la vida y estoy esperando mi oportunidad, sin embargo creo que soy el tipo de persona que disfruta mucho compartiendo momentos y descubrimientos con alguien más y hasta el momento me ha funcionado muy bien.

Recuerdo desde chica los viajes que hacía con mi mamá y mis tías que no desperdiciaban vacaciones para llevarme a Disneylandia, Nueva York, San Francisco, Canadá… Desde que tengo memoria, cada verano era un lugar diferente. A veces, como en Disneylandia, la diversión no paraba hasta el momento en que terminaban los fuegos artificiales del parque y yo colapsaba automáticamente en los brazos de alguna de ellas. A veces era más cultural, como en Nueva York, ciudad en la cual aprendí a amar los museos y de donde nunca olvidaré a Gus, el oso polar con OCD del zoológico de Central Park (que en paz descanse). Nunca olvidaré la primera vez que vi un Pollock en persona en el MOMA de San Francisco ni los increíbles dioramas de animales en el Smithsonian. O la vez que mi primo nos llevó de sorpresa a ver un partido de basquetbol o la primera vez que vi un musical de Broadway (Le Mis y me quedé dormida). En fin, ustedes entienden la idea: imposible no cambiar mi visión de la vida creciendo de esta manera. Imposible permanecer inmutable. Cada viaje es un aprendizaje y cada vez que regresaba a casa siempre quería más.

A los 20 años hice el que quizás sea el viaje más importante de mi vida hasta ahora, cuando decidí hacer un semestre de intercambio en Italia. Era la primera vez que salía del continente americano, la primera vez que no hablaba el idioma y la primera vez que viviría sola y sería responsable de mi propia supervivencia. Vivir en un lugar en el que las reglas cambian, las porciones de comida son más pequeñas y el sistema de transporte público funciona bien, es una experiencia que aunque no quieras, te saca de tu zona de confort y te enfrenta a una situación completamente nueva y desconocida. Tuve que aprender a vivir en estas nuevas condiciones y en esos meses adquirí nuevas costumbres y procesos de vida que hasta hoy forman parte de mi rutina. Obtuve una nueva perspectiva sobre muchas cosas que nunca me había cuestionado (¿por qué los mexicanos decimos ‘salud’ cada vez que alguien estornuda? ¿Acaso la vida del estornudador se verá afectada si no lo hacemos?) o que me parecían simplemente normales (uno no puede emitir los mismos juicios después de sentarse a fumar una shisha junto a dos mujeres cubiertas por burkas).

Pero lo cierto es que al final, siempre regreso a casa. Pero regreso siempre un poco distinta. Los primeros días es más obvio: no acepto un café que no esté preparado en la moka o me rehuso a tomar una cerveza que no esté en la lista preparada por mis amigas en el viaje a Alemania y aunque poco a poco con el tiempo empiezo a ser más flexible con estas condiciones superficiales, siempre hay un cambio intrínseco que va mucho más allá en mi forma de pensar y de vivir la vida. Pequeños destellos que me recuerdan que viajé, conocí y aprendí.

Y ustedes, ¿alguna vez han hecho un viaje que les haya cambiado la vida?

 

Su servidora, en pleno cambio.

Su servidora, en pleno cambio.

@pichikamonster