Reseña: Tres Pares

Las colaboradoras de este blog hemos decidido que este sea un espacio abierto a todo tipo de contenidos y en esta ocasión, les presento mi primera reseña a una caja por suscripción que nos presenta la empresa mexicana Tres Pares.

El concepto de caja por suscripción (o subscription box) es uno que está cobrando mucha fuerza en el mundo de las compras en línea y funciona de la siguiente manera: pagas una cantidad de dinero al mes, recibes una caja misteriosa en la puerta de tu casa y no sabes exactamente lo que contiene hasta que la abres. Varias empresas como birchbox o fancybox han incluso creado alianzas con celebridades para la curaduría de estas cajas y les ha funcionado muy bien. El objetivo es dar a conocer productos que de otra forma no conocerías pero que podrían gustarte y podrías seguir comprando después.

Por eso, cuando me enteré que en México están haciendo esto con cervezas artesanales mexicanas, no dudé ni un segundo y me suscribí con un amigo. Al momento de la suscripción nos encontramos con el primer problema: sólo aceptan pagos a través de PayPal. Afortunadamente mi amigo tiene cuenta y logramos suscribirnos.

Después de una larga espera (me vi obligada a beber muchas cervezas para lograr sobrevivir la agonía) por fin llegó la caja llena de felicidad, curada por nuestros amigos de Tres Pares. ¿Qué sorpresas podría contener? ¿Valdría la pena lo que pagamos mi amigo y yo por ella? Estaba a punto de descubrirlo y no podía ocultar mi emoción.

Caja llena de felicidad

¿Quieren saber qué encontramos adentro?

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Maléfica

Este fin de semana se estrenó en cines la película Maléfica, dirigida por Robert Stromberg, escrita por Linda Woolverton (Alice in Wonderland) y protagonizada por Angelina Jolie. Las colaboradoras de este blog asistimos con entusiasmo a las salas de cine sólo para encontrarnos con una no tan grata sorpresa. Debido a las reacciones que esta cinta desencadenó en cada una de nosotras hemos decidido crear este mega-post conjunto, esperando que se convierta en un formato permanente en este blog.

Disney no creció con sus princesas.

de: Argen (@petite_argen)

Cuando tenía unos 3 o 4  años, la película de la Bella Durmiente de Disney solía ser mi favorita. Crecí, como muchas otras niñas, viendo películas de princesas. Por algún motivo, esta película en particular fue la que terminé memorizando después de verla una y otra vez. La película no tiene quizá ningún personaje sobresaliente, salvo la villana. En mi defensa, debo decir que casi 25 años después me da cierta vergüenza decir que crecí viendo ese tipo de películas y que solo años después vendrían la Bella y la Bestia, el Rey León y Mulan.

No pasaron muchos años antes de que dejara de querer ser una princesa. ¡Qué hueva quedarse en el castillo a no hacer nada! Afortunadamente el tiempo no pasa en balde y después de todo ahora sé que lo que menos quiero en este mundo es vivir en un cuento de hadas. Me molestan muuuchas cosas de Disney, en especial la manera en la que representan a las mujeres. Me da dolor de cabeza pensar los personajes femeninos que vi una y otra vez y que no pueden hacer nada más que ser rescatadas, cantar y casarse. Con el paso del tiempo Disney fue agregando otras princesas como Mulan o Pocahontas, que aunque eran más valientes y aventureras, no dejaron de estar definidas por su relación con los hombres. Algo de esto era “entendible” por el contexto histórico en el que se hicieron esas películas. A fin de cuentas, las películas muestran en gran parte el reflejo de nuestra sociedad.

Al ver el trailer de Maléfica sentí mucha curiosidad. ¿Qué podría esperar de una película casi 25 años después de haberla visto por primera vez? ¿Qué habría cambiado Disney casi 50 años después de la primera versión de la Bella Durmiente? Y la realidad fue algo totalmente inesperado. Una decepción devastadora. La villana más malvada del universo de Disney resulto una mujer despechada y nada más. ¡Que hueva!

Quizá era entendible que cuando éramos niñas quisiéramos ser princesas, no sabíamos mucho de la vida ni de lo que significaba. También que en algún punto quisiéramos ser algo mucho más interesante. ¿Y ahora que crecimos? ¿Qué les parece que dice esta película de nuestra sociedad? Me parece chicas que hemos crecido más nosotras en 25 años que Disney en 50.

 

Disney: del amor verdadero a la maldad de género.

de: Bex (@labruja_cosmica)

Corrí a ver Maléfica por el recuerdo que tengo de esta villana, quien extrañamente se volvió mi favorita desde hace mucho tiempo. La verdad es que nunca he sido niña de princesas, recuerdo haber ido al cine a ver el Rey León y mi trauma con Aladdin, pero hasta ahí. Las películas de las princesas las recuerdo como en una nube, tiendo a confundirlas y a veces recuerdo las escenas de las películas pero nada más, no tengo recuerdos de sentarme a conciencia a verlas y aprenderme diálogos (como con Simba, no me juzguen).

Hace una semana, salí del cine realmente decepcionada y enojada pensaba ¿realmente era necesario hacer un spinoff de esa manera? La verdad es que siento que se fueron por la salida fácil y predecible. Sé que no es fácil crear una historia de la nada (créanme, lo sé), pero también sé que hay mil y un posibilidades para hacer algo maravilloso e interesante. Mi molestia no sólo se quedó en la historia sino que fue más allá de eso, se trasladó a la reacción que ésta pudiera causar a nuestro alrededor.

Les contaré lo primero que me sucedió. La gente que estaba a nuestro alrededor en el cine en su mayoría eran parejas (hombre-mujer), de vez en cuando un grupo mixto como el nuestro. Justo 5 minutos antes de empezar la película, dos hombres grandes y altos se sentaron a nuestro lado, me causó gracia pues, ¿qué estarían pensando estos dos hombres al entrar a ver una película de Disney? Lo comenté y nos reímos, sin darnos cuenta que el comentario que había hecho estaba marcado por una generación Disney sexista en donde nos han acostumbrado a que la marca es exclusivamente para niños pequeños o bien para el género femenino.

En fin, al empezar la película no sabía qué esperar, pensé en una villana impresionante y una historia igual de interesante que pudiera ser del calibre de Maléfica. No fue así. Me molestó mucho que la razón por la cual una niña tan buena (aún con el nombre de Maléfica) se convirtiera en mala era por un hombre ¿Es en serio, Disney? Quitas que el beso del ‘verdadero amor’ sea entre el príncipe y la princesa que intercambiaron 5 palabras y que es tu costumbre habitual (lo cual aplaudo) y en su lugar pones a un hada poderosa con capacidad de hacer que todo el reino tiemble y la reduces a que sus motivos y acciones sean por despecho, porque un hombre la traicionó. No sé qué tanta inercia lleva mi mente por leer temas de género en todos lados, pero esto lo veo mal. Muy mal.

Después de esa amarga experiencia, llegué a mi casa para leer un poco sobre la película, sobre la historia original de la Bella Durmiente y al final los comentarios de la gente al respecto.Esto último fue lo que más me entristeció y desesperó.

Encontré comentarios cómo: ‘De Maléfica aprendí que las mujeres no somos malas, los hombres nos hacen así.’ ¿¡Perdón?! No sé, yo no me considero una persona mala, aunque todos tenemos maldad dentro de nosotros, estoy segura que es cosa de decisión y no ‘por culpa’ de un género, ese comentario es de las que se quejan que los hombres dicen ‘nosotros somos así por culpa de las mujeres’… cuidado con la doble moral, chavas. Encontré también el siguiente tuit: ‘Las mujeres son como Maléfica, si les cortas las alas, se desquitan con los cuernos.’ 21 personas lo marcaron como favorito, de las cuales 11 fueron mujeres.

Como en todo, estas cosas son decisiones de cada persona, cada quién decide como ver y llevar su vida, eso me queda más que claro y ciertamente no es lo que me molesta. Me preocupa el mensaje que estamos recibiendo. Alabamos que Disney cambiara la perspectiva de la damisela en peligro, porque sé que muchas estamos contra la idea de ser o pertenecer a la idea social de mujeres como princesas esperando por un príncipe azul que nos rescate; pero al mismo tiempo aceptamos la idea de que una mujer solo es mala porque los hombres nos hacen así. Quizá las que lo acepten son las mismas que siguen defendiendo su estatus de princesa esperando por el príncipe.

En lo personal, tiré la corona de princesa en peligro hace mucho y me molesta mucho la idea de la villana por despecho. Así que prefiero quedarme con la idea de la Maléfica que conocí de niña, teniendo un libro abierto para pensar en sus orígenes, en lugar de esta versión, plana y sexista que intentan hacerme creer.

Reescribiendo el mito: Maléfica y La Bruja Mala del Oeste

de: Ale (@pichikamonster)

Nunca me han gustado las películas de princesas. Quizá porque ya desde chica me identificaba más con Dumbo, el elefantito que al no poder volar ahogaba sus penas en alcohol, que con las niñas que a los dieciséis estaban ya buscando a su príncipe azul. No es de sorprender entonces que mi primer recuerdo consciente de Maléfica y la Bella Durmiente sea más bien reciente (pasaditos los veinte) cuando la vi con una de mis sobrinas. No me gustó la historia y me impresionó muchísimo la pobre capacidad intelectual de los personajes, con la única excepción de Maléfica, que en esta versión animada era la única que, al parecer, sabía lo que estaba pasando en el mundo y esto le garantizaba una posición de control sobre el resto de los personajes. Pero bueno, se justifica porque era 1959, ¿no?

Pero entonces, ¿cuál es la excusa para lo que Disney nos pone en pantalla en pleno 2014? Vivimos en una época en la que lo hemos visto (casi) todo, el internet es una fuente vasta de información y vivimos con mucho más conciencia sobre igualdad de género, diversidad sexual y libertad de culto que cualquier otra generación que nos ha precedido. Entonces, ¿por qué insistimos en aferrarnos a los cuentos de hadas donde las princesas (y las mujeres, en general) viven esperando a su príncipe azul? ¿No es hora de que empecemos a reescribir los mitos? Y no, no se engañen: cambiar una escena al final de la película no cuenta.

Sí, el personaje principal de Maléfica es una mujer, pero está muy lejos de ser una película que enaltezca al género con un digno protagónico. Las acciones y motivaciones de Maléfica están todas en el lugar equivocado: el hombre que le rompió el corazón. Si bien, además de romperle el corazón le cortó las alas, en ningún momento se maneja éste como el tema o la motivación principal para sus acciones y su venganza. En ningún momento vemos a Maléfica tomar una decisión por su propia convicción o sus propios ideales.

Ahora quiero platicarles el caso de otra villana clásica de la cultura popular readaptada a una versión más actual: La Bruja Mala del Oeste, en este caso la versión del libro de Gregory Maguire, Wicked. En esta novela de 1995, conocemos a Elphaba (sí, tiene nombre) una niña sana y juguetona, perfectamente normal, excepto por el color verde de su piel y unos colmillos afilados que aterrorizan a sus padres desde su nacimiento. Elphaba vive enfrentándose a una discriminación constante, incluso por parte de su hermana, quien a pesar de no tener brazos, cuenta con su asombrosa belleza y bondad para lograr todo lo que se propone. Al llegar a la universidad en Oz, Elphaba se encuentra con una sociedad llena de prejuicios y discriminación en la que existen incluso leyes promulgadas por el Mago que decretan que los Animales, capaces de razonar y poseedores de consciencia humana (piensen en el León cobarde), deben de ser ejecutados por ser de una especie distinta. Identificada con la causa, Elphaba rápidamente se vuelve aliada de estos seres y emprende una revolución contra el régimen del Mago para que todos en Oz puedan vivir en condición de igualdad social. Una vida llena de conspiraciones, asesinatos, pérdidas y decepciones, la llevan a ser conocida como la Bruja Mala del Oeste y su encuentro final con Dorothy lo conocemos muy bien.

Me parece que el contraste es clarísimo; lejos de ser una mujer despechada cuyas acciones son motivadas por la falta de amor y la inexistencia del beso de amor verdadero, Elphaba vive una vida convencida de luchar por una causa, buscando siempre el bien mayor y la libertad de los oprimidos. Al final no logra sus objetivos y la realidad es demasiado abrumadora hasta para una mujer tan fuerte como ella, empieza a cuestionar sus decisiones y el peso de las mismas y esto la lleva a cometer actos que la convierten en el antagónico que conocemos en el cuento.

¿Acaso es mucho pedir para Disney que le de un poco de complejidad y profundidad a sus personajes femeninos? Y bueno, éste es sólo un ejemplo, pero me vienen a la mente muchas protagonistas femeninas con historias complejas y motivaciones reales que son mucho más inspiradoras. ¿Cuál es su favorita?

Mujeres ¿a la banca?

Empecé escribiendo esto mientras pensaba ¿Será cierto que a pocas mujeres nos gusta el fútbol? Los números no cuadraban en mi cabeza. Puedo decir con certeza que he conocido más mujeres a las que les gusta el fútbol, que a las que no. Quizá no todas sean hinchas de corazón, vean 3 ligas diferentes cada semana o puedan citar estadísticas y partidos históricos, pero sin duda disfrutan de una buena tarde de fútbol. Reconozco también que hay aficionadas de ocasión, pero ¿qué tanto ama el fútbol un villamelón de cualquier tipo?

Muchos de mis mejores recuerdos me llevan inevitablemente a tardes futboleras. Los entrenamientos, partidos y torneos mientras jugué para el equipo de mi universidad. Las veces que había que infiltrarse al estadio enemigo para poder ver a mi equipo favorito. Lo impresionante del Estadio Azteca cuando todos apoyamos al mismo equipo, cantamos el himno a una sola voz y coreamos el cielito lindo con todo el corazón. El estrés por escuchar los goles mientras estás atorada camino al estadio para ver a la selección. Los latidos en tus orejas mientras esperas que el árbitro pite el final del partido. Los festejos en el ángel cuando te vuelves campeón del mundo en casa. Los viajes en coche donde te aventuras a conocer la ciudad mientras te apresuras para ver a tu equipo jugar en tu casa. Ahogar los gritos de gol por haberte sentado cerca de la porra incorrecta. La detallada preparación para ver una final de la champions con una cantidad brutal de comida. Los días de jugar FIFA en Xbox mientras resuelves dudas existenciales. La emoción infinita al tener en tu mano un boleto para un juego de Champions, donde al fin verás jugar a tu equipo de alguna liga europea. Y podría seguir así por un buen rato.

Sin embargo, cada vez que confieso mi amor por este lindo deporte, la reacción más común es de…¿sorpresa? Pareciera que el fútbol fuera solo para hombres…Esperen un minuto… A decir verdad, ser una mujer a la que le gusta el fútbol no es sencillo. A pesar de lo mucho que me gusta, llevo varios años con piedritas en el taco. Les dejo tres ejemplos de a lo que me refiero:

La marca de cervezas Heineken tiene un concurso cada año para llevar a una afortunada pareja a la final de la Champions. Los concursos varían un poco cada año, pero en general se basan en que el hombre tiene ya un boleto y debe ganar el segundo boleto para su novia cumpliendo algún reto, en el que por lo general la novia es parte de ¡los obstáculos! Incluso hace poco lanzaron una campaña polémica donde ‘liberaban’ a los hombres para que pudieran ver la final de la champions, ofreciendo descuentos en zapatos justo a la hora del partido para sus novias. ¿Cuántos concursos han visto dónde las mujeres podamos ganar boletos? ¿Por qué tenemos que ser consideradas obstáculos a vencer? ¿Y quién dijo que tengo que elegir entre zapatos y fútbol?

Tres o cuatro sitios de deportes de los más populares (al menos en chilangolandia) tienen una sección específica y normalmente en primera plana (y que a veces raya en spam en sus redes sociales) dedicada a mujeres, usualmente modelando en bikini o algo por el estilo. Y por otro lado ni las luces de secciones de fútbol femenil. Las únicas señales de los equipos femeniles son algunos artículos cuando se juega el mundial. ¿Por qué tengo que chutarme 25 tuits al día diciéndome que vea las nuevas fotos en bikini de la novia de Ronaldo, cuando lo que me importa es el fútbol? ¿Por qué estoy dedicándole mi tiempo a un sitio que en su mayoría nos hace ver como un objeto? ¿No les parece totalmente misógino e innecesario? ¿De verdad es necesario que para que pueda leer de fútbol sin encontrar estas cosas necesito que mujeres futboleras creen un sitio y escriban de fútbol? Me pregunto a cuántos hombres les gustaría que hubiera secciones de futbolistas guapos modelando ropa interior.

Las mujeres también tenemos vela en este entierro. Tristemente hace unas semanas encontré que alguna de mis conocidas había publicado en alguna infame red social un artículo que decía como teníamos que comportarnos las mujeres durante el mundial. No incluiré el link, pero en resumen las instrucciones iban desde comprar, preparar y servir la comida hasta quedarse callada mientras transmitieran el partido. ¿Por qué algunas mujeres tienen la percepción de que por ser mujeres no debe gustarles el fútbol? ¿O que debe gustarles menos que a los hombres y por ende para hacerlo feliz hay que disfrutarlo menos? De hecho, ¿quién les dijo que por ser mujeres tienen que hacer o dejar de hacer, disfrutar o amar algo?

Muy lejos de ser Fair play, ¿no? ¿Mi sugerencia para bajar este balón? El amor al juego. Personalmente dejé fuera todo aquello que no fue fútbol. Di unfollows y unlikes a los sitios con esas secciones, y busco nuevas fuentes para leer noticias deportivas (¡Se aceptan recomendaciones!). Trabajo y ahorro para comprar mis boletos. Quizá en algún futuro pueda tomar turnos con algún afortunado para ver a quién le toca comprar los boletos para el siguiente partido (Y no tomo esa cerveza, iugh). Es cierto que no resuelve el problema, pero podemos empezar acomodando bien la barrera. ¿Qué tenemos que hacer las mujeres éste mundial? Lo que se nos pegue la gana. Tarjeta roja y a correr en dirección opuesta a cualquier espécimen que se atreva a sugerir reglas así te guste o no el fútbol. Y si te gusta, ¡grita, festeja, maldice, brinca y corre con cada gol! Y si alguien esperaba algo distinto, como diría Albert Camus: “La pelota nunca viene hacia uno por donde uno espera que venga”. ¿Ustedes qué opinan?

@petite_argen

Viajar me cambia

Quien dice que la gente nunca cambia, miente. Si bien es cierto que a través del tiempo nuestra esencia puede permanecer intacta, los seres humanos somos producto de una evolución, un aprendizaje continuo y una recolección de experiencias que nos ayudan a modelar nuestra persona. Quien no evoluciona está muerto. En mi caso personal, cada vez que viajo y visito un nuevo lugar, experimento estos cambios en forma más intensa y radical y a mi regreso, siempre intento adaptarlos a mi vida diaria.

Antes de continuar debo hacer una confesión: nunca he viajado sola. Me he subido sola al avión pero al llegar siempre ha habido alguien esperando. Dicen que viajar solo es algo que hay que hacer al menos una vez en la vida y estoy esperando mi oportunidad, sin embargo creo que soy el tipo de persona que disfruta mucho compartiendo momentos y descubrimientos con alguien más y hasta el momento me ha funcionado muy bien.

Recuerdo desde chica los viajes que hacía con mi mamá y mis tías que no desperdiciaban vacaciones para llevarme a Disneylandia, Nueva York, San Francisco, Canadá… Desde que tengo memoria, cada verano era un lugar diferente. A veces, como en Disneylandia, la diversión no paraba hasta el momento en que terminaban los fuegos artificiales del parque y yo colapsaba automáticamente en los brazos de alguna de ellas. A veces era más cultural, como en Nueva York, ciudad en la cual aprendí a amar los museos y de donde nunca olvidaré a Gus, el oso polar con OCD del zoológico de Central Park (que en paz descanse). Nunca olvidaré la primera vez que vi un Pollock en persona en el MOMA de San Francisco ni los increíbles dioramas de animales en el Smithsonian. O la vez que mi primo nos llevó de sorpresa a ver un partido de basquetbol o la primera vez que vi un musical de Broadway (Le Mis y me quedé dormida). En fin, ustedes entienden la idea: imposible no cambiar mi visión de la vida creciendo de esta manera. Imposible permanecer inmutable. Cada viaje es un aprendizaje y cada vez que regresaba a casa siempre quería más.

A los 20 años hice el que quizás sea el viaje más importante de mi vida hasta ahora, cuando decidí hacer un semestre de intercambio en Italia. Era la primera vez que salía del continente americano, la primera vez que no hablaba el idioma y la primera vez que viviría sola y sería responsable de mi propia supervivencia. Vivir en un lugar en el que las reglas cambian, las porciones de comida son más pequeñas y el sistema de transporte público funciona bien, es una experiencia que aunque no quieras, te saca de tu zona de confort y te enfrenta a una situación completamente nueva y desconocida. Tuve que aprender a vivir en estas nuevas condiciones y en esos meses adquirí nuevas costumbres y procesos de vida que hasta hoy forman parte de mi rutina. Obtuve una nueva perspectiva sobre muchas cosas que nunca me había cuestionado (¿por qué los mexicanos decimos ‘salud’ cada vez que alguien estornuda? ¿Acaso la vida del estornudador se verá afectada si no lo hacemos?) o que me parecían simplemente normales (uno no puede emitir los mismos juicios después de sentarse a fumar una shisha junto a dos mujeres cubiertas por burkas).

Pero lo cierto es que al final, siempre regreso a casa. Pero regreso siempre un poco distinta. Los primeros días es más obvio: no acepto un café que no esté preparado en la moka o me rehuso a tomar una cerveza que no esté en la lista preparada por mis amigas en el viaje a Alemania y aunque poco a poco con el tiempo empiezo a ser más flexible con estas condiciones superficiales, siempre hay un cambio intrínseco que va mucho más allá en mi forma de pensar y de vivir la vida. Pequeños destellos que me recuerdan que viajé, conocí y aprendí.

Y ustedes, ¿alguna vez han hecho un viaje que les haya cambiado la vida?

 

Su servidora, en pleno cambio.

Su servidora, en pleno cambio.

@pichikamonster

¿Destinada a la desgracia?

Recuerdo perfecto que por ahí de la primera semana de clases en la universidad, uno de los profesores nos preguntó si estábamos seguros de querer estudiar esta carrera, ya que de acuerdo a las estadísticas era una de las profesiones con mayor porcentaje de divorcios o de solteros en México. La explicación vino después acompañada de un tono condescendiente: “porque claro, cuando uno se decide por el camino de la diplomacia, se requiere viajar mucho o estar lejos de su país de nacimiento y no hay persona, más bien dicho mujer, que aguante eso, finalmente la familia es lo más importante.”

No recuerdo que nadie hiciera algún comentario sobre el argumento recién descrito, lo que sí recuerdo es que en la generación éramos mayoría mujeres y me da tristeza el pensar que nadie de nosotras pudiéramos decir algo al respecto. De todos los que nos graduamos hace un tiempo, somos realmente pocos los que nos dedicamos a trabajar o a estudiar algo en el campo de relaciones internacionales, ciencia política o diplomacia. Creo, hasta donde sé, que solo 2 personas se han casado y también trabajan en algo relacionado con nuestra carrera y no, las mujeres no tienen ningún problema con ello. En realidad ellas son muy exitosas y una de ella ya es mamá de dos bellos niños.

Hace una semana platicaba con una amiga alemana que también terminará su maestría este año, le conté sobre este incidente ya que salió el tema de género en alguna clase (ya escribiré después de ese tema también) y después de reír un poco me contestó: “Aquí en Alemania, también nos dicen eso, y no sólo eso, sino que estamos predestinados a ser alcohólicos o al suicidio”.

La verdad es que aunque el futuro no es alentador (y dudo mucho que ésta sea la única profesión en la que las estadísticas nos cuentan el camino a la perdición al que podemos llegar) lo que me sorprendió fue que me hiciera la pregunta que nosotras debimos de haber hecho el día que nos sucedió “¿Qué tiene que ver el género en todo esto? ¿Por qué decir que no hay mujer que aguante eso?” La respuesta, aparentemente, puede ser muy sencilla, porque la mujer es la que se encarga de llevar a los hijos en su vientre por 9 meses, cuidarlos y darles de comer hasta un tiempo considerable y .. ¿y luego qué?

Es evidente, que la línea de pensamiento entonces nos lleva a decir, claro porque entonces si el esposo o pareja trabaja en el medio diplomático, político o algo similar, nunca va a estar en la casa para estar con la mujer y su hijo recién nacido y eso no lo aguantaría ella ¿y… es así? ¿realmente no lo aguantaría? ¿qué pasaría si fuera al revés y la mujer es la diplomática? ¿no es capaz de formar una familia porque no tiene tiempo para ello? ¿está entonces destinada a la soledad y ahora resulta hasta al alcoholismo?

Nos encontramos ahora en una sociedad que aboga por la igualdad de géneros, que entonces me hace pensar que me puedo dedicar libremente a ejercer mi profesión, que aunque esté maldecida por las peores desgracias de la humanidad, me encanta. Además puedo estar segura de tener el apoyo de un hombre que pueda entender que quizá tenga que viajar y dedicar mucho tiempo a proyectos y reuniones laborales. También que en el momento en el que decidiéramos tener hijos, él también tendría que contribuir y no sería enteramente yo la encargada de su cuidado, en otras palabras, yo no tendría por qué abandonarlo todo, y para esos efectos, él tampoco. ¿Verdad que es así? ¿¡Verdad que sí!?

Como yo lo veo, tenemos unos conceptos de libertad e igualdad distorsionados, y tristemente sé de más casos de mujeres que tienen que ‘sacrificar’ sus objetivos porque a su pareja no les pareció (sí, sí pasa, aún en pleno 2014). No es cuestión de qué profesión ejerzas, tampoco es cuestión del trabajo que tengas o de la personalidad que tengas (porque ya los escuché diciendo que eso pasa por ser ‘workaholic’). Tampoco se trata de decir que pobres de nosotras mujeres porque siempre somos las víctimas y ahora los hombres deben estar todo el día en la casa. No, no va por ahí.

Es más simple que eso y a la vez resulta muy complicado de llevar a cabo. Es tener el simple entendimiento que tanto hombres como mujeres podemos seguir con nuestros sueños y objetivos, que ambos podemos hacer sacrificios y ambos podemos trabajar porque las cosas sucedan como debieran de ser. Es ir un poco más allá de decir que debemos dejar de ver que las labores del hogar son solo para las mujeres y que los hombres son los que deben de trabajar más. Por fortuna, creo que eso ya lo estamos entendiendo.

Quizá yo esté destinada a divorciarme de mi primer esposo porque no entiendo cómo funciona la situación con las profesiones y los géneros. Es más, quizá ni llegue a casarme porque ‘estoy tan ocupada con mi trabajo que no tengo tiempo para nada más’ (ya me la han aplicado, no se crean). Aunque lo quisiera, no sé leer el futuro y no sé cómo vaya a ser mi vida a detalle. Lo que sí sé es qué es lo que quiero, y quisiera eso que decía arriba, una vida en pareja en la que nadie tenga que sacrificar más de la cuenta, porque estoy consciente que sacrificios tiene que haber, solo que no sea por cuestión de género.

¿O estoy mal yo?

@labruja_cosmica